martes, 15 de septiembre de 2020
Esa mañana se despertó como todas las mañanas: con el ánimo de afrontar un día más, sin una ilusión o esperanza, sin nada que le hiciera pensar que algo especial iba a pasar ese día o los siguientes. Su vida estaba llena de cosas que hacer, de gente a la que ver, de trabajo que realizar... Pero, aunque había momentos divertidos e instantes bonitos y agradables, no había realmente nada que la motivara, que le hiciera pensar que valía la pena. Procuraba siempre apoyar y ayudar. Lo hacía sin esperar nada a cambio solo por ver a la otra persona o animal mejor y porque, por su naturaleza, no podía actuar de otra forma. Algunas veces eso daba lugar a malas interpretaciones, otras generaba obligación y se sentía afortunada si alguna vez alguien hacía lo mismo por ella o, al menos, le reconocían que «siempre estaba ahí». Con ciertas personas, especialmente las que pretendía como pareja, esa misma disponibilidad se convertía en un problema y gente bien intencionada le recomendaba que fuera más egoísta o que practicara la indiferencia... Ella no era así.
Aquel día transcurrió con normalidad: un sábado cualquiera en su vida pero, al llegar la noche, algo mágico ocurrió, algo que cambiaría toda su vida: una publicación de un relato con gran talento, unas correcciones en la página equivocada, una reacción diferente y espectacular, la curiosidad..., cosas en común y un «algo más» la llevaron directa a él; unos días hablándose por escrito y una conversación por videoconferencia terminaron de enamorarla perdidamente: no había retorno.
Tan solo tres meses y un par de semanas después sentían que habían pasado años de relación y, posiblemente así fuera, pero eso es otra historia que debe ser contada en otra parte.
martes, 4 de diciembre de 2018
De la risa y el amor
En que nos enredamos?
¿Qué sabe la otra noche
De tu olvido y tu distancia
Confusa y necesaria?
¿Qué sabe la mañana de tus besos?
¿qué sabe el infinito de tu amor?
¿Qué sabe tu almohada
De mis lágrimas malditas
Por mí una y cien mil veces?
¿Qué sabe este silencio
De tu voz tan añorada
Buscándome en la noche
Como hacía antaño?
¿Qué sabe la mañana de tus besos?
¿qué sabe el infinito de tu amor?
¿Qué sabe ya el espejo
De la sonrisa en mi cara
Que lucía cuando te miraba?
¿Qué sabe en fin ahora
Mi esperanza de ternura y
Complicidad perdida?
¿Qué sabe la mañana de tus besos?
¿qué sabe el infinito de tu amor?
Sangra la luna errante
Dolorida y doliente
Como una foto antigua
Descolorida por el tiempo.
Nadie sabe nada sabe
Cuánto queda por pasar.
¿Qué sabe la mañana de tus besos?
¿qué sabe el infinito de tu amor?
¿Qué sabe la mañana de tus besos?
¿qué sabe el infinito de tu amor?
domingo, 5 de febrero de 2017
No soy domable
lunes, 5 de septiembre de 2016
La leyenda de las torrijas
Cuenta la leyenda que en las verdes montañas de Asturias vivía una niña huérfana en una humilde casita con la única compañía de sus cabras y sus gallinas.
Un buen día apareció en su corral un precioso y fuerte lobo. La niña ya daba por perdidas sus gallinas cuando lo vio, al aproximarse a la casa con sus cabras; pero al acercarse más, pudo comprobar que el lobo estaba sentado mirando con cara lastimera a las gallinas. Al percatarse de la presencia de la niña, se alejó huyendo.
Varias veces ese mes sucedió lo mismo. El lobo cada vez estaba más delgado y la niña pensaba que estaba enfermo y por ello había perdido el apetito, hasta que un día lo vio bostezar y descubrió que no tenía dientes. La muchacha se compadeció de él y, aunque apenas tenía para comer ella, esa misma noche le dejó, en el rincón donde el lobo se solía sentar, la mitad del pan duro que tenía para la cena, mojado con leche caliente para que el desdentado animal lo pudiera comer. El lobo con su maravilloso olfato agudizado por el hambre, se presentó en seguida y acabó con el plato en un santiamén.
La niña apenas pudo dormir aquella noche, pensando en lo mal que lo tuvo que pasar aquel lobo ese tiempo y cómo podía hacer para que recobrara su peso y su salud natural. A la mañana siguiente se levantó con una idea en la cabeza y se puso directamente a hacerla. Cogió un pan del día anterior, lo cortó en rebanadas y lo mojó en leche caliente como la noche anterior pero a continuación lo rebozó con huevo batido, lo frió y le echó azúcar: así el animal tendría más fuerza y más energía.
Efectivamente el lobo fue recobrando su porte natural y haciéndose cada vez más amigo de la niña, a tal punto que la defendía a ella y a sus animales de otras fieras, que huían cuando él aparecía sin tener por suerte que enseñar sus inexistentes dientes.
Un día llegó a la puerta de la muchacha un hombre que se había perdido y estaba desfallecido. Ella a falta de otra cosa que ofrecerle para comer le dio las torrijas que tenía preparadas para su amigo lobuno. Al hombre le gustaron tanto que le dio a la niña todo el dinero que llevaba encima a modo de agradecimiento. Además le encargó que hiciera más para la semana siguiente, en que él volvería para comprárselas y dárselas a probar a su familia y amigos.
A partir de ese momento la fama de su creación fue creciendo, de manera que pronto salió de su pobreza y pudo mejorar la receta añadiendo canela, a veces incluso vino o licores y más adelante llegando a hacerlas con pan de pasas. También pudo en su nueva situación comprar carne para poderle hacer purés más adecuados para la alimentación de su amigo el lobo, aunque al menos una vez a la semana, le daba torrijas y ambos recordaban cómo surgió su amistad.
miércoles, 28 de julio de 2010
http://youtu.be/NmQOF8qdo2Y
Venderò le mie scarpe nuove (Venderé mis zapatos nuevos)
ad un vecchio manichino (a un viejo maniquí)
per vedere se si muove (para ver si se mueve)
se sta fermo (si esta quieto)
o se mi segue nel cammino (o si me sigue en el camino)
Venderò il mio diploma (Venderé mi diploma)
ai maestri del progresso (a los maestros del progreso)
per costruire un nuovo automa (para construir un nuevo robot)
che dia a loro più ricchezza (que les dé a ellos más riqueza)
e a me il successo (y a mí el éxito)
Ai signori mercanti d'arte (A los señores mercantes de arte)
venderò la mia pazzia (Venderé mi locura)
mi terranno un pò in disparte (me tendrán un poco a parte)
chi è normale (quien es normal)
non ha molta fantasia (no tiene mucha fantasía)
Raffaele è contento (Raffaele está contento)
non ha fatto il soldato (no ha hecho el servicio militar)
ma ha girato e conosce la gente (pero ha viajado y conoce a la gente)
e mi dice: stai attento (y me dice estate atento)
ti fanno fuori dal gioco (te dejan fuera del juego)
se non hai niente da offrire al mercato(si no tienes nada que ofrecer en el mercado)
Venderò la mia sconfitta (Venderé mi derrota)
a chi ha bisogno (a quien tiene necesidad)
di sentirsi forte (de sentirse fuerte)
e come un quadro che sta in soffitta (y como un cuadro que está colgado)
gli parlerò della mia cattiva sorte (le hablaré de mi mala suerte)
Raffaele è contento (Raffaele está contento)
non si è mai laureato (nunca se ha graduado)
ma ha studiato e guarisce la gente (pero ha estudiado y cura a la gente)
e mi dice: stai attento (y me dice: estate atento)
ti fanno fuori dal gioco (te dejan fuera del juego)
se non hai niente da offrire al mercato(si no tienes nada que ofrecer en el mercado)
Venderò la mia rabbia (Venderé mi rabia)
a tutta quella brava gente (a toda aquella estupenda gente)
che vorrebbe vedermi in gabbia (que querría verme entre rejas)
e forse allora (y quizás entonces)
mi troverebbe divertente. (me encontrarían divertido)
Ogni cosa ha il suo prezzo (Toda cosa tiene su precio)
ma nessuno saprà (pero nadie sabrá)
quanto costa la mia libertà (cuánto cuesta mi libertad)
lunes, 26 de julio de 2010
¡Feliz año nuevo!
Bueno, pero ya estoy aquí (aunque no sé por cuánto tiempo) y quería felicitar el año a los que les dé por pasar por aquí.
Al fin y al cabo, no sería la primera vez que yo empiezo el año en julio. Y no es la mayor de mis rarezas...