Llegué a casa decidida a decírselo. Aquello no podía seguir así. No estaba bien: uno no puede dejar de hablar a su mejor amigo por una tontería… Y lo que había separado a mi Horacio de Toni era, sin lugar a dudas, una de las mayores sandeces por las que alguien puede enfadarse con otra persona. Pero, lo cierto, es que hacía dos semanas que no se hablaban y el humor de mi marido era cada día peor.
Cuando entré al salón le noté cabizbajo y ni siquiera contestó a mi saludo. Me senté a su lado y vi que había estado llorando. En sus manos sujetaba una foto de Toni.
Le abracé en silencio y él rompió a llorar.
-No te preocupes, cariño, –le dije susurrando.- Son cosas que se solucionan hablando.
Se separó de mí y me miró asombrado, con cara de incredulidad. Apartó la cara y siguió llorando.
-Sólo tienes que llamarle y disculparte, -insistí.-él te perdonará y también se disculpará por su parte de culpa.
Él negó con la cabeza.
-No, puedo… -acerté a distinguir que decía entre sus llantos.- Ya no puedo.
-¿Por qué?, hombre. No puedes ser tan orgulloso…
Siguió negando y me miró con los ojos inundados en lágrimas.
-Cielo, -me dijo con voz temblorosa.- Laura me ha llamado hace un cuarto de hora.
-¿Laura? ¿Para pedirte que hicieras las paces con Toni?
Una vez más movió la cabeza negativamente.
-Para decirme que Toni murió de madrugada.
jueves, 12 de marzo de 2009
domingo, 22 de febrero de 2009
Querida y callada cómplice:
Desde la primera vez que te vi, nívea, blanca como la luz del alba, supe que debía volcar en ti mis sentimientos; por muy íntimos y profundos, por muy superficiales y vanos, que pudieran ser o parecer.
Desde la primera vez que te toqué, con apenas un roce, y sentí tu suavidad de seda y satén, de tierno algodón, de sueño plácido, supe que eras lo que me faltaba, lo que necesitaba para que mis deseos se materializaran.
Desde que percibí tu sencillez y humildad, tan llana como eres, y, a pesar de ello (o quizá, precisamente por ello), tu grandeza, supe que eras ideal, que en ti me podría sentir reflejada.
Realmente, desde el primer instante, supe que juntas estaríamos más completas; que seríamos capaces de formar algo que, pensasen lo que pensasen los demás, sería mágico y que, desde luego, duraría mucho más que cualquier relación convencional. Nadie podría impedir nuestra unión... y nadie pudo.
Ya no importa que los demás lo desaprueben o lo vean absurdo. Da igual lo que piense la gente. Porque tú, querida mía, durarás muchos años, quizás siglos; tú serás la prueba de nuestro triunfo, y yo... yo habré plasmado en ti, querida hoja de papel, lo que sentía o, lo que sencillamente me apeteció.
Desde la primera vez que te vi, nívea, blanca como la luz del alba, supe que debía volcar en ti mis sentimientos; por muy íntimos y profundos, por muy superficiales y vanos, que pudieran ser o parecer.
Desde la primera vez que te toqué, con apenas un roce, y sentí tu suavidad de seda y satén, de tierno algodón, de sueño plácido, supe que eras lo que me faltaba, lo que necesitaba para que mis deseos se materializaran.
Desde que percibí tu sencillez y humildad, tan llana como eres, y, a pesar de ello (o quizá, precisamente por ello), tu grandeza, supe que eras ideal, que en ti me podría sentir reflejada.
Realmente, desde el primer instante, supe que juntas estaríamos más completas; que seríamos capaces de formar algo que, pensasen lo que pensasen los demás, sería mágico y que, desde luego, duraría mucho más que cualquier relación convencional. Nadie podría impedir nuestra unión... y nadie pudo.
Ya no importa que los demás lo desaprueben o lo vean absurdo. Da igual lo que piense la gente. Porque tú, querida mía, durarás muchos años, quizás siglos; tú serás la prueba de nuestro triunfo, y yo... yo habré plasmado en ti, querida hoja de papel, lo que sentía o, lo que sencillamente me apeteció.
lunes, 2 de febrero de 2009
Gatitos =>
Una fan de Alejandro Fernández puso este vídeo en un foro en el que participo y me apeteció compartirlo:
sábado, 18 de octubre de 2008
Mario San Miguel
Vale, lo admito, cuando se trata de Mario, no soy capaz de elegir sólo dos o tres vídeos o canciones o momentos...
http://www.youtube.com/watch?v=s8Po5phTTfU
http://www.youtube.com/watch?v=Pt22ZT3GNR0
http://www.youtube.com/watch?v=ykuQXPnljf0
http://www.youtube.com/watch?v=VXQygWroEp0
http://www.youtube.com/watch?v=6XS_WrfeYmw
Si os parece poco, podéis ver un concierto completo (o más buscando un poquito) aquí y, si hacéis clic en el título, su página web.
Como él diría: Salud y anarquía, hasta la victoria siempre.
http://www.youtube.com/watch?v=s8Po5phTTfU
http://www.youtube.com/watch?v=Pt22ZT3GNR0
http://www.youtube.com/watch?v=ykuQXPnljf0
http://www.youtube.com/watch?v=VXQygWroEp0
http://www.youtube.com/watch?v=6XS_WrfeYmw
Si os parece poco, podéis ver un concierto completo (o más buscando un poquito) aquí y, si hacéis clic en el título, su página web.
Como él diría: Salud y anarquía, hasta la victoria siempre.
lunes, 22 de septiembre de 2008
domingo, 21 de septiembre de 2008
miércoles, 3 de septiembre de 2008
El cansancio
El cansancio te invade, te adormece; notas cómo llena todos tus sentidos, todos tus miembros...
-Mañana será otro día -te dices, y tus labios tiemblan al pensar que quizá te equivoques.
Quizá el mañana nunca llegué, quizá mañana sea igual que hoy.
Quizá tu cansancio no se quite con dormir una sola noche, quizá debas dormir eternamente.
Preparas tu cama, tu tumba; te sientas; te despides mentalmente del mundo, de la vida, de todos tus seres queridos, de todos tus familiares y amigos; te vas recostando lentamente; apagas la luz; lloras un rato... sabes que no despertarás y te da pena porque ya te habías acostumbrado a vivir.
Ahora ya nada importa, sabes que ha llegado tu fin, que esta noche será tu última noche y que mañana ya no existirás.
Cierras los ojos y esperas en silencio a la muerte. La sientes entrar en tu habitación, acercarse a tu cama; abres los ojos y la ves delante de ti, fría y distante, hermosa también.
No sabes qué hacer ¿saludar?, ¿decirle algo? No se la ve muy dispuesta a hablar.
Con un gesto amistoso y sincero, aunque algo inseguro, la invitas a sentarse a tu lado. Ella acepta, te coge la mano y te dice: “duerme tranquilo”.
De nuevo, cierras los ojos. Notas como el frío que te transmite a través de la mano se va extendiendo por todo tu cuerpo y cada vez se hace más intenso.
Una duda te asalta: ¿de qué estás muriendo? Pero es demasiado tarde para preguntar; el frío ha llegado a tu cerebro, tus pensamientos son cada vez más lentos y débiles.
Ya no sientes nada, ya no piensas nada, ya estás muerto.
Por fin puedes dormir, por fin puedes descansar en paz, ya nadie te molestará.
-Mañana será otro día -te dices, y tus labios tiemblan al pensar que quizá te equivoques.
Quizá el mañana nunca llegué, quizá mañana sea igual que hoy.
Quizá tu cansancio no se quite con dormir una sola noche, quizá debas dormir eternamente.
Preparas tu cama, tu tumba; te sientas; te despides mentalmente del mundo, de la vida, de todos tus seres queridos, de todos tus familiares y amigos; te vas recostando lentamente; apagas la luz; lloras un rato... sabes que no despertarás y te da pena porque ya te habías acostumbrado a vivir.
Ahora ya nada importa, sabes que ha llegado tu fin, que esta noche será tu última noche y que mañana ya no existirás.
Cierras los ojos y esperas en silencio a la muerte. La sientes entrar en tu habitación, acercarse a tu cama; abres los ojos y la ves delante de ti, fría y distante, hermosa también.
No sabes qué hacer ¿saludar?, ¿decirle algo? No se la ve muy dispuesta a hablar.
Con un gesto amistoso y sincero, aunque algo inseguro, la invitas a sentarse a tu lado. Ella acepta, te coge la mano y te dice: “duerme tranquilo”.
De nuevo, cierras los ojos. Notas como el frío que te transmite a través de la mano se va extendiendo por todo tu cuerpo y cada vez se hace más intenso.
Una duda te asalta: ¿de qué estás muriendo? Pero es demasiado tarde para preguntar; el frío ha llegado a tu cerebro, tus pensamientos son cada vez más lentos y débiles.
Ya no sientes nada, ya no piensas nada, ya estás muerto.
Por fin puedes dormir, por fin puedes descansar en paz, ya nadie te molestará.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)