Cuenta la leyenda que en las verdes montañas de Asturias vivía una niña huérfana en una humilde casita con la única compañía de sus cabras y sus gallinas.
Un buen día apareció en su corral un precioso y fuerte lobo. La niña ya daba por perdidas sus gallinas cuando lo vio, al aproximarse a la casa con sus cabras; pero al acercarse más, pudo comprobar que el lobo estaba sentado mirando con cara lastimera a las gallinas. Al percatarse de la presencia de la niña, se alejó huyendo.
Varias veces ese mes sucedió lo mismo. El lobo cada vez estaba más delgado y la niña pensaba que estaba enfermo y por ello había perdido el apetito, hasta que un día lo vio bostezar y descubrió que no tenía dientes. La muchacha se compadeció de él y, aunque apenas tenía para comer ella, esa misma noche le dejó, en el rincón donde el lobo se solía sentar, la mitad del pan duro que tenía para la cena, mojado con leche caliente para que el desdentado animal lo pudiera comer. El lobo con su maravilloso olfato agudizado por el hambre, se presentó en seguida y acabó con el plato en un santiamén.
La niña apenas pudo dormir aquella noche, pensando en lo mal que lo tuvo que pasar aquel lobo ese tiempo y cómo podía hacer para que recobrara su peso y su salud natural. A la mañana siguiente se levantó con una idea en la cabeza y se puso directamente a hacerla. Cogió un pan del día anterior, lo cortó en rebanadas y lo mojó en leche caliente como la noche anterior pero a continuación lo rebozó con huevo batido, lo frió y le echó azúcar: así el animal tendría más fuerza y más energía.
Efectivamente el lobo fue recobrando su porte natural y haciéndose cada vez más amigo de la niña, a tal punto que la defendía a ella y a sus animales de otras fieras, que huían cuando él aparecía sin tener por suerte que enseñar sus inexistentes dientes.
Un día llegó a la puerta de la muchacha un hombre que se había perdido y estaba desfallecido. Ella a falta de otra cosa que ofrecerle para comer le dio las torrijas que tenía preparadas para su amigo lobuno. Al hombre le gustaron tanto que le dio a la niña todo el dinero que llevaba encima a modo de agradecimiento. Además le encargó que hiciera más para la semana siguiente, en que él volvería para comprárselas y dárselas a probar a su familia y amigos.
A partir de ese momento la fama de su creación fue creciendo, de manera que pronto salió de su pobreza y pudo mejorar la receta añadiendo canela, a veces incluso vino o licores y más adelante llegando a hacerlas con pan de pasas. También pudo en su nueva situación comprar carne para poderle hacer purés más adecuados para la alimentación de su amigo el lobo, aunque al menos una vez a la semana, le daba torrijas y ambos recordaban cómo surgió su amistad.
lunes, 5 de septiembre de 2016
La leyenda de las torrijas
Cuenta la leyenda que en las verdes montañas de Asturias vivía una niña huérfana en una humilde casita con la única compañía de sus cabras y sus gallinas.
Un buen día apareció en su corral un precioso y fuerte lobo. La niña ya daba por perdidas sus gallinas cuando lo vio, al aproximarse a la casa con sus cabras; pero al acercarse más, pudo comprobar que el lobo estaba sentado mirando con cara lastimera a las gallinas. Al percatarse de la presencia de la niña, se alejó huyendo.
Varias veces ese mes sucedió lo mismo. El lobo cada vez estaba más delgado y la niña pensaba que estaba enfermo y por ello había perdido el apetito, hasta que un día lo vio bostezar y descubrió que no tenía dientes. La muchacha se compadeció de él y, aunque apenas tenía para comer ella, esa misma noche le dejó, en el rincón donde el lobo se solía sentar, la mitad del pan duro que tenía para la cena, mojado con leche caliente para que el desdentado animal lo pudiera comer. El lobo con su maravilloso olfato agudizado por el hambre, se presentó en seguida y acabó con el plato en un santiamén.
La niña apenas pudo dormir aquella noche, pensando en lo mal que lo tuvo que pasar aquel lobo ese tiempo y cómo podía hacer para que recobrara su peso y su salud natural. A la mañana siguiente se levantó con una idea en la cabeza y se puso directamente a hacerla. Cogió un pan del día anterior, lo cortó en rebanadas y lo mojó en leche caliente como la noche anterior pero a continuación lo rebozó con huevo batido, lo frió y le echó azúcar: así el animal tendría más fuerza y más energía.
Efectivamente el lobo fue recobrando su porte natural y haciéndose cada vez más amigo de la niña, a tal punto que la defendía a ella y a sus animales de otras fieras, que huían cuando él aparecía sin tener por suerte que enseñar sus inexistentes dientes.
Un día llegó a la puerta de la muchacha un hombre que se había perdido y estaba desfallecido. Ella a falta de otra cosa que ofrecerle para comer le dio las torrijas que tenía preparadas para su amigo lobuno. Al hombre le gustaron tanto que le dio a la niña todo el dinero que llevaba encima a modo de agradecimiento. Además le encargó que hiciera más para la semana siguiente, en que él volvería para comprárselas y dárselas a probar a su familia y amigos.
A partir de ese momento la fama de su creación fue creciendo, de manera que pronto salió de su pobreza y pudo mejorar la receta añadiendo canela, a veces incluso vino o licores y más adelante llegando a hacerlas con pan de pasas. También pudo en su nueva situación comprar carne para poderle hacer purés más adecuados para la alimentación de su amigo el lobo, aunque al menos una vez a la semana, le daba torrijas y ambos recordaban cómo surgió su amistad.
miércoles, 28 de julio de 2010
http://youtu.be/NmQOF8qdo2Y
Venderò le mie scarpe nuove (Venderé mis zapatos nuevos)
ad un vecchio manichino (a un viejo maniquí)
per vedere se si muove (para ver si se mueve)
se sta fermo (si esta quieto)
o se mi segue nel cammino (o si me sigue en el camino)
Venderò il mio diploma (Venderé mi diploma)
ai maestri del progresso (a los maestros del progreso)
per costruire un nuovo automa (para construir un nuevo robot)
che dia a loro più ricchezza (que les dé a ellos más riqueza)
e a me il successo (y a mí el éxito)
Ai signori mercanti d'arte (A los señores mercantes de arte)
venderò la mia pazzia (Venderé mi locura)
mi terranno un pò in disparte (me tendrán un poco a parte)
chi è normale (quien es normal)
non ha molta fantasia (no tiene mucha fantasía)
Raffaele è contento (Raffaele está contento)
non ha fatto il soldato (no ha hecho el servicio militar)
ma ha girato e conosce la gente (pero ha viajado y conoce a la gente)
e mi dice: stai attento (y me dice estate atento)
ti fanno fuori dal gioco (te dejan fuera del juego)
se non hai niente da offrire al mercato(si no tienes nada que ofrecer en el mercado)
Venderò la mia sconfitta (Venderé mi derrota)
a chi ha bisogno (a quien tiene necesidad)
di sentirsi forte (de sentirse fuerte)
e come un quadro che sta in soffitta (y como un cuadro que está colgado)
gli parlerò della mia cattiva sorte (le hablaré de mi mala suerte)
Raffaele è contento (Raffaele está contento)
non si è mai laureato (nunca se ha graduado)
ma ha studiato e guarisce la gente (pero ha estudiado y cura a la gente)
e mi dice: stai attento (y me dice: estate atento)
ti fanno fuori dal gioco (te dejan fuera del juego)
se non hai niente da offrire al mercato(si no tienes nada que ofrecer en el mercado)
Venderò la mia rabbia (Venderé mi rabia)
a tutta quella brava gente (a toda aquella estupenda gente)
che vorrebbe vedermi in gabbia (que querría verme entre rejas)
e forse allora (y quizás entonces)
mi troverebbe divertente. (me encontrarían divertido)
Ogni cosa ha il suo prezzo (Toda cosa tiene su precio)
ma nessuno saprà (pero nadie sabrá)
quanto costa la mia libertà (cuánto cuesta mi libertad)
lunes, 26 de julio de 2010
¡Feliz año nuevo!
Ya, ya sé que es un poco tarde para felicitar el año... Pero con esto de que mi blog se parece a mi diario, que más que "diario" era un "anuario", porque lo escribía una vez al año aproximadamente...
Bueno, pero ya estoy aquí (aunque no sé por cuánto tiempo) y quería felicitar el año a los que les dé por pasar por aquí.
Al fin y al cabo, no sería la primera vez que yo empiezo el año en julio. Y no es la mayor de mis rarezas...
Bueno, pero ya estoy aquí (aunque no sé por cuánto tiempo) y quería felicitar el año a los que les dé por pasar por aquí.
Al fin y al cabo, no sería la primera vez que yo empiezo el año en julio. Y no es la mayor de mis rarezas...
viernes, 5 de junio de 2009
Tenía la suerte, su suerte, en sus manos. Pero, como tenía los puños cerrados, no la podía ver.
http://www.youtube.com/watch?v=DCzz6ZD56HM
http://www.youtube.com/watch?v=DCzz6ZD56HM
sábado, 30 de mayo de 2009
Sin duda, el frío invierno terminará por irse... Tarde o temprano.Entonces, la hierba asomará fresca y fuerte porque la nieve la habrá protegido y regado debidamente. Poco a poco, el río cobrará vida y las flores nacerán un año más. El sol brillará en el cielo y los pájaros cantarán alegres el comienzo de la primavera.
Es, en ese momento, cuando los que hibernamos para evitar que el frío hiele nuestro corazón y para que nuestro cuerpo no note la falta de alimentos, despertaremos. Tendremos mucha hambre y mucha sed, que deberemos aplacar en esta nueva época... Y aunque sabemos (de sobra lo sabemos) que el frío sigue ahí, esperando a la vuelta de la esquina para atacar de nuevo, viviremos; viviremos, sobre todo y a pesar de todo, porque es lo único que sabemos hacer.
jueves, 12 de marzo de 2009
Llegué a casa decidida a decírselo. Aquello no podía seguir así. No estaba bien: uno no puede dejar de hablar a su mejor amigo por una tontería… Y lo que había separado a mi Horacio de Toni era, sin lugar a dudas, una de las mayores sandeces por las que alguien puede enfadarse con otra persona. Pero, lo cierto, es que hacía dos semanas que no se hablaban y el humor de mi marido era cada día peor.
Cuando entré al salón le noté cabizbajo y ni siquiera contestó a mi saludo. Me senté a su lado y vi que había estado llorando. En sus manos sujetaba una foto de Toni.
Le abracé en silencio y él rompió a llorar.
-No te preocupes, cariño, –le dije susurrando.- Son cosas que se solucionan hablando.
Se separó de mí y me miró asombrado, con cara de incredulidad. Apartó la cara y siguió llorando.
-Sólo tienes que llamarle y disculparte, -insistí.-él te perdonará y también se disculpará por su parte de culpa.
Él negó con la cabeza.
-No, puedo… -acerté a distinguir que decía entre sus llantos.- Ya no puedo.
-¿Por qué?, hombre. No puedes ser tan orgulloso…
Siguió negando y me miró con los ojos inundados en lágrimas.
-Cielo, -me dijo con voz temblorosa.- Laura me ha llamado hace un cuarto de hora.
-¿Laura? ¿Para pedirte que hicieras las paces con Toni?
Una vez más movió la cabeza negativamente.
-Para decirme que Toni murió de madrugada.
Cuando entré al salón le noté cabizbajo y ni siquiera contestó a mi saludo. Me senté a su lado y vi que había estado llorando. En sus manos sujetaba una foto de Toni.
Le abracé en silencio y él rompió a llorar.
-No te preocupes, cariño, –le dije susurrando.- Son cosas que se solucionan hablando.
Se separó de mí y me miró asombrado, con cara de incredulidad. Apartó la cara y siguió llorando.
-Sólo tienes que llamarle y disculparte, -insistí.-él te perdonará y también se disculpará por su parte de culpa.
Él negó con la cabeza.
-No, puedo… -acerté a distinguir que decía entre sus llantos.- Ya no puedo.
-¿Por qué?, hombre. No puedes ser tan orgulloso…
Siguió negando y me miró con los ojos inundados en lágrimas.
-Cielo, -me dijo con voz temblorosa.- Laura me ha llamado hace un cuarto de hora.
-¿Laura? ¿Para pedirte que hicieras las paces con Toni?
Una vez más movió la cabeza negativamente.
-Para decirme que Toni murió de madrugada.
domingo, 22 de febrero de 2009
Querida y callada cómplice:
Desde la primera vez que te vi, nívea, blanca como la luz del alba, supe que debía volcar en ti mis sentimientos; por muy íntimos y profundos, por muy superficiales y vanos, que pudieran ser o parecer.
Desde la primera vez que te toqué, con apenas un roce, y sentí tu suavidad de seda y satén, de tierno algodón, de sueño plácido, supe que eras lo que me faltaba, lo que necesitaba para que mis deseos se materializaran.
Desde que percibí tu sencillez y humildad, tan llana como eres, y, a pesar de ello (o quizá, precisamente por ello), tu grandeza, supe que eras ideal, que en ti me podría sentir reflejada.
Realmente, desde el primer instante, supe que juntas estaríamos más completas; que seríamos capaces de formar algo que, pensasen lo que pensasen los demás, sería mágico y que, desde luego, duraría mucho más que cualquier relación convencional. Nadie podría impedir nuestra unión... y nadie pudo.
Ya no importa que los demás lo desaprueben o lo vean absurdo. Da igual lo que piense la gente. Porque tú, querida mía, durarás muchos años, quizás siglos; tú serás la prueba de nuestro triunfo, y yo... yo habré plasmado en ti, querida hoja de papel, lo que sentía o, lo que sencillamente me apeteció.
Desde la primera vez que te vi, nívea, blanca como la luz del alba, supe que debía volcar en ti mis sentimientos; por muy íntimos y profundos, por muy superficiales y vanos, que pudieran ser o parecer.
Desde la primera vez que te toqué, con apenas un roce, y sentí tu suavidad de seda y satén, de tierno algodón, de sueño plácido, supe que eras lo que me faltaba, lo que necesitaba para que mis deseos se materializaran.
Desde que percibí tu sencillez y humildad, tan llana como eres, y, a pesar de ello (o quizá, precisamente por ello), tu grandeza, supe que eras ideal, que en ti me podría sentir reflejada.
Realmente, desde el primer instante, supe que juntas estaríamos más completas; que seríamos capaces de formar algo que, pensasen lo que pensasen los demás, sería mágico y que, desde luego, duraría mucho más que cualquier relación convencional. Nadie podría impedir nuestra unión... y nadie pudo.
Ya no importa que los demás lo desaprueben o lo vean absurdo. Da igual lo que piense la gente. Porque tú, querida mía, durarás muchos años, quizás siglos; tú serás la prueba de nuestro triunfo, y yo... yo habré plasmado en ti, querida hoja de papel, lo que sentía o, lo que sencillamente me apeteció.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)